El temblar, ya me hace doler. Siento como dos barras de hierro que arden en mis espaldas. Mis rodillas no soportan el peso del aire. Las gotas de lluvia se convierten en plomo cuando golpean mis hombros. Sacudo mi cabeza para alejar el agua que yace en mi pelo, y siento como si golpeara una enorme estatua de oro. Pero eran sólo mis jaquecas.
Abriré mis brazos un segundo para que puedas entrar, soportando el frío chocar contra mi pecho. Se siente un aire contaminado que lastima. Que intenta consumir mis rodillas. Con mis articulaciones queriendo zafarse, sentado en el cemento, me quedo mirando la puerta, esperando a que llegues. Me duele hasta el contorno de la córnea. Mi piel parece querer separarse de mi cuerpo. Las voces a lo lejos son tan insignificantes que de a momentos las olvido. Mis huesos de cristal se van a romper. Peleo por mantenerme despierto, mis párpados son acechados por mis sueños.
Yo sigo esperando, ¿Algún día llegarás?
Bueno, eso es básicamente lo que sentía esta mañana en el colegio.