Sus ojos son oscuros como el frío. Su piel es tan blanca, frágil. No la quiero tocar. No es lo que siento en este momento. Porque de eso se trata, de hacer lo que sentimos. Para eso comenzamos esto, ¿No? Enciendo otro cigarrillo mientras la charla fluye. Los silencios enredan nuestras miradas. Luego, una sonrisa. Se apaga la duda, se desvanecen los límites entre los dos. Ahora si, tomo su mano y le pido que vayamos a otro lugar. Su departamento es su propuesta... acepto con un huracán revolviendo mi estómago. Mi cabeza está perdida, ¿Esto está sucediendo? ¿Confundí las señales?
[...]
Enciende la luz de la cocina mientras me invita a sentarme. Saca una Heineken del freezer y la apoya frente a mi. Me retiro hasta la mesa ratona para agarrarla, saco mi encendedor azul y la abro. Disfruto escuchandola y viendola moverse, elocuente y brillante. Tomo el último sorbo, y me levanto. Me acerco a ella rodeando la mesa. Ella se moja los labios y pestañea rápido. Adivina lo que estoy pensando, lo que va a pasar.
[...]
Sus piernas me rodean por la espalda, sus nalgas rozan mis muslos en un frenesí de movimientos. Me quita la remera con un gesto que indica que debo acelerar lo que al parecer estoy tomando con mucha calma. Ella ya perdió el vestido negro y el short que llevaba puesto. Sólo la cubre un brasier blanco que pronto quitaré, y una colaless negra. Su piel esta hirviendo. Siento el calor y la humedad de su entrepierna. No quiero esperar más y la levanto tomando bien fuerte su cintura, lo que provoca un gemido en ella. Mientras es elevada, muerde y lame mis tetillas buscando más formas de exitarme. Ya en su cama , no lo pienso dos veces y comienzo a besar su boca nuevamente. Nos quitamos la ropa y cumplimos lo pactado.
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7.28.2013
1.30.2011
¿Qué harías si te beso?
Ahora, por simples cuestiones éticas
Tendría que alejarte de mi
Tomarte la cintura
Apretarla con fuerza, aunque de manera delicada
Quizás acariciarla un poco
Alejarme un pasito,
Despegar mis labios
Y dejarlos muy cerca
Para darte otra oportunidad de que me beses de "improvisto"
Recién ahí dejaría de acariciar tu piel,
Recién ahí dejaría de sentir tus labios sobre los míos.
Tendría que alejarte de mi
Tomarte la cintura
Apretarla con fuerza, aunque de manera delicada
Quizás acariciarla un poco
Alejarme un pasito,
Despegar mis labios
Y dejarlos muy cerca
Para darte otra oportunidad de que me beses de "improvisto"
Recién ahí dejaría de acariciar tu piel,
Recién ahí dejaría de sentir tus labios sobre los míos.
6.06.2009
special/needs

¿Walter fuck? ¿Es normal que estas fotos me traigan recuerdos?
El poder que tiene una mujer sobre un hombre. El poder de la seducción. El sentido del tacto agudizado, tornando la vista borrosa. (La respiración se hace olvidar, el aire te pesa).
La adrenalina que produce lo oculto, lo prohibido. (Lo que no se debe).
Uno pude dar un salto y llegar al otro lado, pero se estaría perdiendo las flores que ofrecen los caminos. (Que aunque mas lentos son, mas intensidad prometen).
Hoy no quiero escribir los poemas mas lindos que se me ocurran, prefiero que los sientas.
Cómo unas pequeñas palabras cambian mi humor y mi visión del mundo. Si tan sólo supieras,

Recorriendo los caminos que me enseñás, busco cumplir nuestros sueños, satisfacer nuestros deseos, y criar y cuidar un afecto que se desarrolla con el tiempo.
5.29.2009
every me/every you
Un imposible, algo que nunca voy a lograr. ¿Nunca?
Si, no sé. Un pasado que nunca fue, un presente muy confuso, y un futuro que parece nunca venir. Quisiera arrojar una soga y traer al futuro del cuello, que no se me escape de las manos como siempre. ¡Quiero ver qué es lo que sigue! Porque mi presente está tan dividido. Quebrado, una parte de mí aquí, otra allá. Un grupo de amigos acá, otro grupo allá. Una parte de la familia acá, otra allá.
Y me hablás, y ¿Yo qué soy? ¿Qué fui? Tu enemigo, ¿Qué soy? Tu amor. Si, eso quisiera.
No me colgaba pensando, sino preguntandome si debería o no.
¿Debería o no?
Nos hemos unidos, nuestras raíces juntas. Naciste para hipnotizar. A su lado, sobre ella, muero dentro suyo. Es algo sagrado, por favor, no lo finjas, y no me defraudes.
Caminan mis dedos pegajozos por tus puentes, levantando la temperatura a cien grados.
¿Te doy mi calor?
Tan hermosa suspendida. Flota para mí, que te voy a ignorar. Mirarte a través de los espejos, desde todos los ángulos. No te voy a tocar, no quiero.
¿Cuán loco me podés volver?
Las luces celestes se encargarán de elevarte. Obeliscos recorrerán tus curvas. Una flecha que no lleva a ningún lado.
Mi cámara captando tu belleza. En blanco y negro.
Cada lunar perfectamente ubicado, los músculos que tiemblan. Mis dientes asesinos romperán tu cuello.
Un amor distendido. Lluvia de lamentos. Tiembla el suelo de madera. Y los cuchillos afilados se abren paso por fuera de la ventana.
El líder nos espera, pero somos uno. Aquel río tan odiado, hoy me saca las vendas. No estoy ciego.
Tragá mis mentiras, quedate muda. Mirame desde abajo. Danzá al ritmo de las luces. Limpiá tu cuello, limpiá mis piernas. Y el suelo.
No leas, desaparecé. Guiñame un ojo a lo lejos. Bañame con tus mares rojos,
Entendeme.
5.24.2009

¿Quién es esa mujer que ocupa mis pensamientos?
Temblé hoy, al pensar en tu cuerpo. Tuve una extraña sensación en el corazón, como si tus piernas lo acariciaran. Los ojos cedieron a la resistencia y dejaron escapar unas lágrimas cuando consideré que quizás un día yo podría tener tu esbelto cuerpo. Mi espalda se estremeció al recordar tus labios, de veras. Y pensar que lo mas cerca que estuve de vos, fue al tocar tu cintura. Preciada, preciosa cintura.
Cuando en una relación se fusiona el deseo con el amor, pareciera que nada puede romper ese vínculo. Porque aunque parezca frágil y distanciado, es mas fuerte de lo que uno cree. Está forjado con años de experiencia, con lágrimas y dolores. Porque uno a veces aprende de la manera difícil, de sus errores.
Hoy puedo decir que aprendí a quererte, y a extrañarte. Aprendí que el dolor y los celos no sirven. Con el tiempo te voy conociendo, esperando saber cada vez más de vos. Qué te gusta que haga, qué te gustaría, qué esperas, qué no esperas.
Hace un tiempo podía esperar cualquier cosa; que te fueras de mi vida, que me odiases de un día para otro, que de repente no me quisieras mas.
Hoy sé que tenemos algo, que hay un lazo que nos une, hay afecto, hay cariño, hay amor.
¡Te quiero tanto! Hoy, y siempre.
5.03.2009
La extraña adrenalina y efervescencia de sentirte acechada. Espiada, observada por dos claros ojos.
Una nena en ropa interior eras. Una preciosura, una criatura de Dios. Una estrella de puro rubí. Una silueta perfecta, sí. Un cuerpo que me llamaba a gritos. Una boca provocativa, enfatizada por tu dedo índice presionando tu labio inferior. A duras penas, se veía la punta de tu colorada lengua. Deseoso de sentirla recorrer el interior de mi boca, me acerqué, ¿Qué querías expresar con esa mirada?
No pude descifrarla, ¿Nervios? ¿Deseo? ¿Sorpresa? En fin, tu ropa interior realmente me enmudeció. Sé que esperabas alguna sincera palabra, pero simplemente no pude.
Arrastraste una mano por tu pecho, hacia tu estómago. Engañándome, me hiciste creer que te sacarías tus pequeñas lencerías.
La habitación de paredes blancas estaba oscura, sólo se veía tu pálida piel, tus dos prendas rosas, y tu cabellera, que parecía haber bailado alguna especie de alocada canción.
Antes de continuar, por un segundo, me concentré en tu ombligo. Ranura tan perfecta, será una simple obsesión que tengo quizás. Tu mano izquierda dejó de enredarse entre tus cabellos y descendió hasta tus muslos, intentando ocultar una parte preciada de vos. Mi sonrisa traviesa fue como una llave, me acerqué unos pasos, y vos diste uno hacia atrás, golpeando así, una pierna contra tu cama.
La música electrónica que hacía segundos te había visto bailar, seguía sonando. No te caigas, dije, y tomé tu cintura. Tu ardiente cintura. A pesar de tus constantes comentarios, estabas delgada, pero no demasiado, como a mí me gusta. Me quedé unos segundos, ¡y al fin me miraste a los ojos! Y por fin te vi sonreír.
Con mis manos, y mi cuerpo, flexioné tus rodillas para recostarte sobre la cama, quedando yo entre tus lisas piernas. No tengas miedo.
Una nena en ropa interior eras. Una preciosura, una criatura de Dios. Una estrella de puro rubí. Una silueta perfecta, sí. Un cuerpo que me llamaba a gritos. Una boca provocativa, enfatizada por tu dedo índice presionando tu labio inferior. A duras penas, se veía la punta de tu colorada lengua. Deseoso de sentirla recorrer el interior de mi boca, me acerqué, ¿Qué querías expresar con esa mirada?
No pude descifrarla, ¿Nervios? ¿Deseo? ¿Sorpresa? En fin, tu ropa interior realmente me enmudeció. Sé que esperabas alguna sincera palabra, pero simplemente no pude.
Arrastraste una mano por tu pecho, hacia tu estómago. Engañándome, me hiciste creer que te sacarías tus pequeñas lencerías.
La habitación de paredes blancas estaba oscura, sólo se veía tu pálida piel, tus dos prendas rosas, y tu cabellera, que parecía haber bailado alguna especie de alocada canción.
Antes de continuar, por un segundo, me concentré en tu ombligo. Ranura tan perfecta, será una simple obsesión que tengo quizás. Tu mano izquierda dejó de enredarse entre tus cabellos y descendió hasta tus muslos, intentando ocultar una parte preciada de vos. Mi sonrisa traviesa fue como una llave, me acerqué unos pasos, y vos diste uno hacia atrás, golpeando así, una pierna contra tu cama.
La música electrónica que hacía segundos te había visto bailar, seguía sonando. No te caigas, dije, y tomé tu cintura. Tu ardiente cintura. A pesar de tus constantes comentarios, estabas delgada, pero no demasiado, como a mí me gusta. Me quedé unos segundos, ¡y al fin me miraste a los ojos! Y por fin te vi sonreír.
Con mis manos, y mi cuerpo, flexioné tus rodillas para recostarte sobre la cama, quedando yo entre tus lisas piernas. No tengas miedo.
4.23.2009
Llevá tu mano a tu entrepierna. Presión. Presión sobre tus telas. Como una mariposa, abre sus alas. Desabrocha el pantalón. Y cada botón de tu camisa. Lentamente, con la luz del velador como una compañera (Y tu imaginación, una noche conmigo). Una cama, una habitación. Cerrá los ojos para hacer la imágen más nítida. Y profundizar tus pensamientos. Se humedece tu cuerpo. Calor, parece que las sábanas irradian calor. Pero sos vos, vos y las gotas de sudor que recorren tu desnuda piel. Nadie te ve, nadie te oye. Yo no puedo saber que me deseas en lo oculto. En el momento de adrenalina, arrojaste tus ropas por los aires. Sólo una texturada bombacha; Inservible ya.
No conozco tus fantasías, pero al fin, ahí estoy yo. En tus pensamientos. Ordenale a tu cerebro pasar una película por tu cabeza. Ambos somos protagonistas. En ella podes hacer lo que quieras. Vivilo con tu cuerpo. Gritá que nadie te escucha. Imaginá lo que quieras hacer, y deja que te haga lo que desees. Deseo, el motor de tu éxtasis. No guardes tus movimientos frenéticos. Una mano en tus pechos, la otra entre tus muslos. Movimientos circulares. Ensuciá tus manos, sus sabanas y tus ropas.
Luego de que todo haya terminado, abrí tus ojos, limpiate y cambiate.
I shouldn't have said that
No conozco tus fantasías, pero al fin, ahí estoy yo. En tus pensamientos. Ordenale a tu cerebro pasar una película por tu cabeza. Ambos somos protagonistas. En ella podes hacer lo que quieras. Vivilo con tu cuerpo. Gritá que nadie te escucha. Imaginá lo que quieras hacer, y deja que te haga lo que desees. Deseo, el motor de tu éxtasis. No guardes tus movimientos frenéticos. Una mano en tus pechos, la otra entre tus muslos. Movimientos circulares. Ensuciá tus manos, sus sabanas y tus ropas.
Luego de que todo haya terminado, abrí tus ojos, limpiate y cambiate.
I shouldn't have said that
4.21.2009

Que un día seas vos, como quien dice.
Que un día comience en tus piernas. Cada centímetro de suave piel, un segundo placentero. Despertar en tus mejores sueños. Desayunar tus prometidos besos.
Un atardecer en tu entrepierna, fuente de encantos. Un secreto único, único y nuestro. Intimidades que sólo los Ángeles nos verán.
Reemplazar mi lecho por tu vientre, cálidas almohadas, tendido a la satisfacción. Placer de Dioses. Cubrime con tus sedosas sábanas. Abrigame y cuidame. No me dejes ir.
Dormiré en tus pechos de gloria, viviré en el contorno de tus labios. Me alimentaré de tu ser. Seremos uno. Viviremos juntos. Ante los ojos de nuestros enemigos, y nuestros más queridos colegas. Caminaremos hacia la luz. Amaremos en la oscuridad. Te escribiré canciones, y me cocinarás. Bailaremos juntos, y amaremos. Sentimientos. Atracción física.
Un día moriré, pero aún así, estaré en cada lágrima que llores.
1.08.2009
Calidez en el alma.
Si te vi. Si estabas allí. De espaldas a mí. Con ese top que tan bien te quedaba. Y esa pollerita que dejaba al descubierto tus largas piernas, que la suave brisa acariciaba con sus manos. No pude evitar acercarme y susurrarte una melodía al oído. Y empezar a recorrer tu espalda con mis frías manos. Me gustó la forma en que me miraste aquella noche. Llena de inocencia y aún con un toque de perversión.
Si te conozco, ¿Qué mas podía hacer? Si la situación lo pedía, si tu boca me llamaba a gritos, si mi cuerpo y tu cuerpo querían tocarse. Si nuestras almas querían unirse a fin de ser una.
Te sentía nerviosa al principio, cuando me puse detrás tuyo. Cuando de a poquito me deslizé por tus brazos bronceados. Cuando me exparsí por tu cintura, y luego a tu panzita, para ascender a tu ardiente pecho. Tuve que cerrar los ojos, pues quería disfrutar al máximo el placer que me estabas dando.
¿Qué estarías pensando aquella estrellada noche? Mirando atónita por detrás de la ventana, la oscuridad inmensa, ¿Estarías pensando en mí? Irradiabas sensualidad cuando diste una vuelta para posar tus ojos en mi boca. "Si me dejas esta noche yo te doy todos los besos que te debo", dijiste, a la par del hombre que cantaba en la radio, moviendo con gracia tus rosas labios. Tus ojos parecían estar encantados en aquella velada, verde diamante como nunca antes, un color único.
Un beso en tu mejilla fue mi interludio para contarte lo que se avecinaba. Sentada en el marco de la ventana que daba al balcón, abriendo tus piernas para así poder acercarme más y poder entrelazar mis manos en tus cabellos. Y besarte. Besarte lleno de amor. Besarme llena de pasión. Besarte con cordura. Besarme con espectativa. Me mostraste de lo que eras capaz. Esos besos interminables tuyos eran mi locura. Tus labios, en su simetría perfecta eran como una droga para mí. El calor te invadía, lo pude notar. De a poquito, y con dulzura, mientras yo te sacaba aquel oscuro top, ibas desabrochando mi camisa, que ya empezaba a molestarme. La Luna se escondía detrás de tu espalda, parecía celosa de que yo te tuviera esta noche. Para mi sorpresa, no llevabas puesto tu usual corpiño.
Creo que lo leíste en mis ojos... Sí, hacía mucho tiempo que deseaba que tu cuerpo fuera mío, solo para mí. Que me muestres tu cuerpo totalmente desnudo. Que disfrutemos de esto con amor y pasión. Pero lo que no sabías era cuánto tiempo. Dimos vueltas, compartimos momentos, ansié tus besos y los tuve. Pero lo que tenía ahora era diferente.
Lo que más me gustaba era lo que no tenías. Nuestras ropas habían quedado tiradas por el suelo, haciéndoles notar que ya no las queríamos. En mis brazos estabas, y te podía sentir completa. Mientras te cargaba para llevarte hacia tu cuarto, podía sentir tus piernas tocar tímidamente las mías. Tu mirada denotaba ternura y exitación al mismo tiempo. Sí, eras toda mía. Y yo era todo tuyo. Podíamos hacer lo que quisiésemos con el otro. Lo que al otro más le guste. Y esto era todo lo que quería.
Te apoyé suavemente en la cama, boca arriba. Desnuda estabas. Tu mirada traviesa me incentivó a continuar. Y fue no más lo que hice. Lentamente me coloqué sobre tu cuerpo. Sentía tus pechos sobre el mío, tu panza sobre la mía. Nuestras piernas parecían jugar sin cansarse. Al principio intenté resistirme, pero tus labios sedientos de acción pronunciaron sólo una palabra. "Animate". Reposé mi cuerpo tenso sobre el tuyo para descansarlo, y fue ahí cuando tu entrepierna se encontró con la mía. Una sensación de calor invadió mi cuerpo y no pude evitar la fricción entre nosotros dos. Con tu cuerpo parecías expresarme tu amor, y sentía que debía devolvertelo.
Me levanté un momento para mirarte. Tu mirada fija en mí, como siempre. Con mi mano derecha te dí la señal: Fui bajando de a poquito hasta rozar tu pierna, que sin quejas moviste, a la par que movías la otra en sentido contrario. El cálido sonido de tu piel contra la seda me relajaba. Abrí la boca para decir algo pero volví a cerrarla, no pude decir nada. Sentí cómo flexionabas tus piernas. Ahora era yo quién te haría sentirme.
La puerta se cerró con un golpe, una gracia que nos jugó el viento que parecía estar de nuestro lado. La Luna ya no se ocultaba, sino que nos miraba tranquilamente desde las alturas, acompañada de las estrellas, que permanecían quietas y ruborizadas. Su belleza se había disuelto, haciendo contraste con tu perfecta silueta. Los árboles bailaban las canciones que entonaba el viento.
Una vez más tu sensualidad pudo con mi voluntad y luego de besar todo tu cuerpo, luego de haber acariciado cada rincón, y luego de haber sentido el calor de debajo de tus caderas con mis manos y mis labios, ascendí lentamente por tu torso, deteniéndome en tu descansado pecho, y terminando en tu boca nuevamente. Ahora que era mía, te haría sentir lo mío.
La pasión y el calor que supiste entregarme esa noche, no los olvidaré jamás. Ni el modo en que me diste tu cuerpo, a cambio del mío. Ni tus tibios labios jugando con los míos. Ni tus gritos. Ni tus caricias.
Agitada, luego de lo que siempre había soñado, apoyaste tu cabeza sobre mi pecho y una mano acarició mi abdomen, envuelta en las pocas sábanas que quedaron. Una pierna tuya rodeaba las dos mías, y así reposabas tu cuerpo casi sobre el mío. Te podía sentir, y me encantaba. Y así nos dormimos, plácidos, y extaciados. Una sonrisa en tu angelical carita durmiendo me recordaba cuánto te quería.
1.05.2009
Más que palabras.

Increíblemente me costaba respirar. Te estaba pensando, sí. Te estaba leyendo, sí. Leerte fue lo mejor que me pasó en el día. Aspiré profunda - y dificultosamente - mucho aire para largar un suspiro que expresaba mi total felicidad. Probablemente ni si quiera lo intentes, pero me hacés felíz . Hay tantas cosas que no sé de vos, que ansío saber. Estoy perdido, pero orientado. Veo caminos abrirse ¿O es sólo mi imaginación? Capáz me estoy armando ésto en mi cabeza, y si me decís que no , voy a caer a pedazos. Es difícil vivir. Mas aún a la distancia. Me envolvés de intriga. ¿Por qué no decís una palabra? Si lo sabés, me decís "Yo también" y me sale una sonrisa que no me borran jamás. Siento.. Como si volara. Es decir, te veo pasar, estás ahí. Ahora, un esbozo de tu imágen me hace animarme a más. A verte como te veía. A sentirte como te sentía. Limpié el polvo que yacía sobre nuestros recuerdos. Nunca te fuiste, ahí estabas, pero no quería verte. ¿Por qué? Miedo, vos lo dijiste.
Lo que más me gusta de vos, es que me seducís. Con una palabra, con una imágen, con una indirecta, con una directa. Me seducís. Me provocás. Y eso me encanta. Porque tu imágen está presente.. en mis pensamientos, en mis deseos, en mis fantasías. Y te quiero, no me preguntes por qué (Jovenes Pordioseros - Descontrolado). Pero es así, te quiero. No te gusta que te lo diga? No lo sé, lo dijiste, soy expresivo. Por qué me gusta expresarme? Quiero que siempre sepas lo que quiero, lo que pienso. Te pienso y te quiero a vos.
Te deseo.
1.02.2009
Rock'n'Roll
La melodía que resultaba de la mezcla de los martillos del piano, los golpes de la lluvia y su voz tarareando la canción que algún hombre interpretaba a lo lejos era aquel suave sonido que mis oídos jamás querrían olvidar. Se calló por un segundo para, creo yo, apreciar el sonido del ir y venir de las olas que jugaban delante nuestro. Mis manos recorrían lentamente su cintura y de vez en cuando se asomaban a su panzita, mi parte preferida de su cuerpo. Todavía no podía creer cómo una persona tan hermosa, tan gloriosa, podía estar conmigo en una noche tan romántica. Sus lacios pelos se extendían hasta sus esculturales omoplatos. Tenía una sonrisa muy peculiar, enamorable por su puesto, y una mirada oscura muy penetrante. Acompañaba a sus perfectos rasgos un cuerpo que muchas envidiarían, que me sacaba hasta la última gota de deseo. Sus sutiles labios daban a su figura un toque de magia.
Con un movimiento casi inadvertible se echó para atrás, mirandome a la cara. Hice un movimiento hacia un costado para caer sobre ella. Suavemente me acerqué a ella para susurrarle al oído:
- Te quiero-. Me alejé despacito y besé su mejilla. Parecia aber quedado perpleja por un segundo. Mi mano izquierda acariciaba su garganta, y con un rápido movimiento de mi otra mano, sin querer, toqué despacito su pecho, a lo que expresó un "Oh!" casi como si fuera un suspiro. Me agarró de la cara y lentamente la llevó hacia la suya, aunque en un movimiento evasivo, fue hacia abajo, hacia su deliciosa panza, para darle pequeños besitos mientras acariciaba los costados de su cintura. Metí los dedos de mis dos manos en sus azules jeans, excepto mis meñiques. Podía sentir la tibia piel de sus caderas. De a poquito y sin dejar de besar su cuerpo, comencé a subir. Su remera llegaba hasta su ombligo, por lo que al llegar ahí, dificultosamente, la subí hasta descubrir sus perfectos pechos, envueltos en un corpiño blanco me parece. No podía notar su color debido a la escasa luz. Noté que se levantaba, para quedar sentada y así posibilitarme a sacarle la blanca remera que llevaba puesta, pues ya no la necesitabamos. Me alejé un poquito para poder apreciar su esculturoso cuerpo. Era preciosa, alucinante. Rápidamente la tomé de los hombros, me acosté a su lado, boca arriba, y la coloqué sobre mí, acostada. Su panza tocaba la mía, descubierta ya por el viento. La besé, la besé y mimé con todo mi fervor. Mis manos sudorosas recorrieron toda su piel, hasta llegar al cinto de su corpiño, que desabroché dificultosamente. Éste quedó en el medio de los dos, hasta que lo sacó con una mano. Con unos movimientos circulares pude sentirla entera sobre mi, al menos la parte superior. Nos dimos vuelta y así quedé yo sobre ella, me molestó la arena que había quedado en mi espalda, pero la escasa lluvia que todavía caía la fue limpiando de a poco. El éxtasis era indescriptible, la pasión y la conexión que había entre los dos se podía ver a kilómetros de distancia como si fuera un halo que irradiabamos. Suavemente tomé sus pechos con mis dos manos, y comencé a acariciarlos y besarlos . Los dos estabamos en un estado de exitación al que nunca habíamos llegado. La lluvia combinada con el viento era helada, pero fue su calor el que me cautivó. Una vez más levanté la vista para observarla- Obra de Dios, si es que éste existe-. Lo que me llevó al siguiente nivel, fue el hecho de que gritace mi nombre tan fuertemente a un tono que no creía que existiera, que terminó en un suspiro. Impactado, me acosté para mirarla, pero ella no me estaba mirando.. Ella mantenía si vista en el Infinito. Aunque algo preocupada, me dijo: - Marco, ¿Qué pasa? - . A lo que con un hilo de voz respondí lentamente: - Nada, no pasa nada- . Ahí decidió voltearme y sentarse sobre mí, en mis rodillas exactamente. Y mirándome a los ojos, comenzó lentamente a desabrochar mi cinturón. Podía notar sus manos sudando, ya que de a momentos resbalaban. Luego dejó de hacerlo y para mi sorpresa volvió hacia mí para besarme ¿Por qué había parado? Al deslizar mis manos por su cintura pude notar que sus pantalones estaban más flojos, u podía ver su bombacha, también blanca. Lo debió haber desabrochado en algún despiste mío. Sin querer, se me escapó una risita. Lo dudé unos segundos, pero las ganas me podían Rápidamente y con algo de temor, moví mis manos rosando su delicada piel hasta poder tocar con mis uñas su pantalón, y con mis yemas su ropa interior. Noté que yo también sudaba. Sin embargo, creo que no le importó, y me empezó a besar el cuello, haciendo presión con sus palmas en mis hombros. Pude sentir sutilmente su lengua unas veces. Repentinamente paró, volvió hacia mi, me besó en el labio inferior y me dijo: - Ya vuelvo - con una sonrisa casi perversa. Sus labios sabían a un intenso caramelo. Me quedé confundido por un momento, hasta que lo comprendí: No iría a ningún lado. Iba descendiendo lentamente. Mi respiración se tornaba pesada en respuesta a lo que venía. Tenía miedo, y sabía que ella también, o al menos estaba duditativa. Me miró una vez más antes de terminar de desabrochar mi pantalón y arrancarlo de mí. Llevaba puesto unos boxer's que me quedaban bastante chicos y estaba muy avergonzado. Decidí que no debía ser el único en ese estado de desnudez, así que la tomé de los brazos para levantarme. De alguna manera habiamos quedado 'cruzados'. Sus piernas habían quedado por encima de las mías. La miré, y nuestras miradas se encontraron. Luego miré su entrepierna y lo entendí a la perfección... Lentamente abrió su bragueta y sin dificultad se sacó el pantalón aunque me hubiera gustado hacerlo por mi cuenta. Ahora podía ver su ropa interior claramente, aunque ésta era casi transparente por la lluvia. La película de la noche seguía rodando cuando ella alargó sus piernas, para luego apretarlas contra mi cintura, casi llegando a la espalda. Lo mismo hizo con sus manos, alrededor de mi cuello. Mis manos no sabían qué hacer. Con cuidado empezé a acariciar sus hombros por detrás. Bajando de a poquito al punto de llegar a acariciar los costados de sus pechos. Con un esfuerzó se acercó a mí y empezó a besarme. Fuertemente. Profundamente. Ella hacía unos extraños movimientos con sus caderas que me sacudían de placer. Sé que me podía sentir. Un calor abrumador recorrió mi cuerpo. No sé exactamente qué quería hacer al levantarse un poquito, pero mis manos estaban ya agarrando la última prenda que le quedaba y ésta se deslizó lo suficiente como para dejarla al desnudo, lo cual no pareció molestarle. Ahora la podía sentir más, mas calor, mas exitación. No podía aguantar más así. Tenía un cuerpo perfecto moviendose delante del mío. Tocandome, dejando que lo tocase. Cada tanto se le escapaban espectrales gemidos que me retorcían del placer. Era momento, pero se me adelantó, y me sacó la última prenda. Eramos dos, en el medio de la nada. Dos personas, dos cuerpos desnudos, dispuestos a todo. Nuestros corazones, mentes, deseos, exitación nos decían que continuaramos, y ella tenía sus puertas abiertas.
Me empujó echándome al suelo, mi última visión fue la de un mar tranquilo. La lluvia había parado hacía un rato, y yo estaba literlamente mirando el Cielo.
No sé cómo ocurrió, pero fue rápido y lento, vació y lleno. Indescriptible - nuevamente - lo que sentí en ese momento. De repente estaba dentro suyo. Ya no eramos dos niños jugando. Ahora sentíamos lo mismo, y vivíamos lo mismo. Mi calor era su calor. Su deseo era mi deseo. Sentía cómo la recorría lentamente por dentro.
Con un movimiento casi inadvertible se echó para atrás, mirandome a la cara. Hice un movimiento hacia un costado para caer sobre ella. Suavemente me acerqué a ella para susurrarle al oído:
- Te quiero-. Me alejé despacito y besé su mejilla. Parecia aber quedado perpleja por un segundo. Mi mano izquierda acariciaba su garganta, y con un rápido movimiento de mi otra mano, sin querer, toqué despacito su pecho, a lo que expresó un "Oh!" casi como si fuera un suspiro. Me agarró de la cara y lentamente la llevó hacia la suya, aunque en un movimiento evasivo, fue hacia abajo, hacia su deliciosa panza, para darle pequeños besitos mientras acariciaba los costados de su cintura. Metí los dedos de mis dos manos en sus azules jeans, excepto mis meñiques. Podía sentir la tibia piel de sus caderas. De a poquito y sin dejar de besar su cuerpo, comencé a subir. Su remera llegaba hasta su ombligo, por lo que al llegar ahí, dificultosamente, la subí hasta descubrir sus perfectos pechos, envueltos en un corpiño blanco me parece. No podía notar su color debido a la escasa luz. Noté que se levantaba, para quedar sentada y así posibilitarme a sacarle la blanca remera que llevaba puesta, pues ya no la necesitabamos. Me alejé un poquito para poder apreciar su esculturoso cuerpo. Era preciosa, alucinante. Rápidamente la tomé de los hombros, me acosté a su lado, boca arriba, y la coloqué sobre mí, acostada. Su panza tocaba la mía, descubierta ya por el viento. La besé, la besé y mimé con todo mi fervor. Mis manos sudorosas recorrieron toda su piel, hasta llegar al cinto de su corpiño, que desabroché dificultosamente. Éste quedó en el medio de los dos, hasta que lo sacó con una mano. Con unos movimientos circulares pude sentirla entera sobre mi, al menos la parte superior. Nos dimos vuelta y así quedé yo sobre ella, me molestó la arena que había quedado en mi espalda, pero la escasa lluvia que todavía caía la fue limpiando de a poco. El éxtasis era indescriptible, la pasión y la conexión que había entre los dos se podía ver a kilómetros de distancia como si fuera un halo que irradiabamos. Suavemente tomé sus pechos con mis dos manos, y comencé a acariciarlos y besarlos . Los dos estabamos en un estado de exitación al que nunca habíamos llegado. La lluvia combinada con el viento era helada, pero fue su calor el que me cautivó. Una vez más levanté la vista para observarla- Obra de Dios, si es que éste existe-. Lo que me llevó al siguiente nivel, fue el hecho de que gritace mi nombre tan fuertemente a un tono que no creía que existiera, que terminó en un suspiro. Impactado, me acosté para mirarla, pero ella no me estaba mirando.. Ella mantenía si vista en el Infinito. Aunque algo preocupada, me dijo: - Marco, ¿Qué pasa? - . A lo que con un hilo de voz respondí lentamente: - Nada, no pasa nada- . Ahí decidió voltearme y sentarse sobre mí, en mis rodillas exactamente. Y mirándome a los ojos, comenzó lentamente a desabrochar mi cinturón. Podía notar sus manos sudando, ya que de a momentos resbalaban. Luego dejó de hacerlo y para mi sorpresa volvió hacia mí para besarme ¿Por qué había parado? Al deslizar mis manos por su cintura pude notar que sus pantalones estaban más flojos, u podía ver su bombacha, también blanca. Lo debió haber desabrochado en algún despiste mío. Sin querer, se me escapó una risita. Lo dudé unos segundos, pero las ganas me podían Rápidamente y con algo de temor, moví mis manos rosando su delicada piel hasta poder tocar con mis uñas su pantalón, y con mis yemas su ropa interior. Noté que yo también sudaba. Sin embargo, creo que no le importó, y me empezó a besar el cuello, haciendo presión con sus palmas en mis hombros. Pude sentir sutilmente su lengua unas veces. Repentinamente paró, volvió hacia mi, me besó en el labio inferior y me dijo: - Ya vuelvo - con una sonrisa casi perversa. Sus labios sabían a un intenso caramelo. Me quedé confundido por un momento, hasta que lo comprendí: No iría a ningún lado. Iba descendiendo lentamente. Mi respiración se tornaba pesada en respuesta a lo que venía. Tenía miedo, y sabía que ella también, o al menos estaba duditativa. Me miró una vez más antes de terminar de desabrochar mi pantalón y arrancarlo de mí. Llevaba puesto unos boxer's que me quedaban bastante chicos y estaba muy avergonzado. Decidí que no debía ser el único en ese estado de desnudez, así que la tomé de los brazos para levantarme. De alguna manera habiamos quedado 'cruzados'. Sus piernas habían quedado por encima de las mías. La miré, y nuestras miradas se encontraron. Luego miré su entrepierna y lo entendí a la perfección... Lentamente abrió su bragueta y sin dificultad se sacó el pantalón aunque me hubiera gustado hacerlo por mi cuenta. Ahora podía ver su ropa interior claramente, aunque ésta era casi transparente por la lluvia. La película de la noche seguía rodando cuando ella alargó sus piernas, para luego apretarlas contra mi cintura, casi llegando a la espalda. Lo mismo hizo con sus manos, alrededor de mi cuello. Mis manos no sabían qué hacer. Con cuidado empezé a acariciar sus hombros por detrás. Bajando de a poquito al punto de llegar a acariciar los costados de sus pechos. Con un esfuerzó se acercó a mí y empezó a besarme. Fuertemente. Profundamente. Ella hacía unos extraños movimientos con sus caderas que me sacudían de placer. Sé que me podía sentir. Un calor abrumador recorrió mi cuerpo. No sé exactamente qué quería hacer al levantarse un poquito, pero mis manos estaban ya agarrando la última prenda que le quedaba y ésta se deslizó lo suficiente como para dejarla al desnudo, lo cual no pareció molestarle. Ahora la podía sentir más, mas calor, mas exitación. No podía aguantar más así. Tenía un cuerpo perfecto moviendose delante del mío. Tocandome, dejando que lo tocase. Cada tanto se le escapaban espectrales gemidos que me retorcían del placer. Era momento, pero se me adelantó, y me sacó la última prenda. Eramos dos, en el medio de la nada. Dos personas, dos cuerpos desnudos, dispuestos a todo. Nuestros corazones, mentes, deseos, exitación nos decían que continuaramos, y ella tenía sus puertas abiertas.
Me empujó echándome al suelo, mi última visión fue la de un mar tranquilo. La lluvia había parado hacía un rato, y yo estaba literlamente mirando el Cielo.
No sé cómo ocurrió, pero fue rápido y lento, vació y lleno. Indescriptible - nuevamente - lo que sentí en ese momento. De repente estaba dentro suyo. Ya no eramos dos niños jugando. Ahora sentíamos lo mismo, y vivíamos lo mismo. Mi calor era su calor. Su deseo era mi deseo. Sentía cómo la recorría lentamente por dentro.
12.06.2008
Este. Este es un momento raro, en el que pienso. Qué? Por qué? Cómo? Está bien? Sabés lo que soy, sabés lo que siento. Sabés lo que quiero. Te imaginás lo que quiero. Tenés tus preocupaciones, siempre las tuviste. Pero esto es algo. Algo que no quiero perder, después de tanto tiempo, es algo que puedo compartir con vos. De a poco me voy enterando de pequeñas grandes cosas. Cosas que a mi vida cambian de a poquito. Pero, veo algo distinto en vos. Un espiritu distinto al mio. Veo tus palabras, pero no tus acciones. Veo tus puntos de vista, tus observaciones. No fuiste vos la que habló de un toque de pimienta? De acción? Ambos están muy cerca de nuestras manos, hay que saber usarlos. Yo creo saber usarlos, y vos? Mirá tus manos, están vacías..No quiero imaginarme qué puede pasar si juntamos las manos sobre el frasco de pimienta.