4.22.2010

El día en que... fui.

Tu cuerpo temblaba y me preocupé, ¿Qué te sucedía? Era una pregunta un poco obvia quizás, pero necesitaba hacermela. De todas formas no importaba la razón, el por qué. En ese segundo que te sentí frágil, agrietaste mi alma también, y te permití entrar en la parte mas sensible de mi corazón. No sólo por mi querer, sino también por tu necesidad de un abrazo.
No me sentía cómodo, porque no era tampoco el lugar o el momento, pero te brindé todo el cariño que pude.
Sin embargo, no fue suficiente... Y te marchaste. Me paré para observarte, esperando que giraras tu cabeza. Pero no lo hiciste, y me tuve que conformar con observar tu melena oscura.

No me tomó mas de un minuto dudar de mi mismo. Y concluí; No había hecho lo suficiente.
Probablemente no sea quién para hacerlo, ni esperabas -o querías- que lo hiciera... Pero me lancé a correr, para alcanzarte antes de perderte entre la gente. - Personas tan impasibles, pensando tan egocéntricamente en su propio ser y su vida. Sin notar la tristeza de tu mirada, la luz de tu ser que se apagaba -.
Te encontré y sonreí. Tomé tu brazo, decidido a tomarte entre los míos. Pero dudé, y no supe qué hacer.
No era imprescindible hablar, tan solo quería mirarte. Que supieras que me tenés a tu lado, que podés confiar.

Te quiero y necesito.

Si me necesitás, con vos estoy.

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