Miré dentro de sus ojos, porque era lo único que restaba hacer. Ya conocía sus mentiras de pies a cabeza. Sabía por qué se curvaba un lado de sus labios secos. El frío caramelo que podía ver a través del vidrio de sus ojos no mostraba mas expresiones. Estaba duro, y parecía que con un pequeño toque podía quebrarse. Pero ¿Qué importaba ya? Si el hombre sólo podía sentarse a beber y pensar en nada. Su edad no le permitía ya tocar el piano con propiedad, sólo podía esperar a que su corazón se detuviera. El viejo desalmado ya no contestaba llamadas, ya no hablaba con nadie. Pero cada arruga de su divino rostro contaba una historia terrible. Hablaba de miedo, de furia, de odio y de traición. Pero también de pasión, de deseo y de lujuria.
Una boina ocultaba la brillante piel de su cabeza. La remera de siempre ya no le sentaba. Estaba arrugado, sucio, desteñido, pero la llevaba puesta "por respeto", como había dicho una vez, una de las últimas veces que habló.
Se levantaba a la madrugada, calzaba sus ojotas por sobre las medias de tela y se sentaba en el piano, con la misma botella de algún tipo de alcohol. Una botella que nunca acababa, que parecía no tener fondo.
Un hombre que una vez había sido el orgullo de la familia, pasó al olvido. Pero, ¿Por qué? ¿Qué sucedió en el medio? ¿Qué llevó a este hombre al fracaso? Se podría decir que... todo lo que hizo en su vida, cada paso que dio, era un cristal roto, una puerta cerrada, un peldaño quebrado. Cada error que cometió lo ayudó a corromper su alma.
Conoció a su amada a temprana edad, según él, a eso de los 16 años. Aunque su memoria solo le permite recordar sus canas, tenía un hermoso pelo rubio. Rubio oscuro, profundo. Sus ojos nunca perdieron el equilibrio verdoso que los mantenía tan únicos, hasta el final. "Venció toda mujer que pudo presentarse, superó cada expectativa en mi mente, retorció cada pensamiento, descifró cada mirada". Así describía a la mujer que amó desde su adolescencia hasta el día de su muerte. Ahora al viejo ya nada le quedaba.
Hombre misterioso, nadie nunca develará sus secretos. El viejo perdió a su mujer, y junto a ella la felicidad, la esperanza, y así sus amigos se alejaron. Sus últimos tres años fueron los peores de su dinámica vida. Desprecia este mundo, esperando el día en que se volverá a reunir con su fiel esposa.
Por eso nadie se acerca, por eso lo dejan morir en soledad.
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