Al lado mio, arropado ligeramente por una sabana blanca, te observo dormir. Delicadamente acaricio tus pómulos, tus labios. No quiero interrumpir tu sueño, es una de las pocas oportunidades que quizás tenga para apreciarte así.
Respiras, te susurro. Tu pelo se acomoda perfectamente a tu cara, tus rasgos se notan claros ante mis ojos. Tu cuerpo se acurruca contra el mio y puedo sentir tu corazón palpitar.
Se me inundan los ojos de lágrimas. Jamás observe tal belleza, tanta perfección. Estás hecho para mi, desde el largo de tus pestañas hasta la forma de tus pies.
Tu espalda, tus brazos, tus piernas. Eres hermoso.
Me recuerdo meses atrás, recostada sola sobre mi cama, divagando en un mundo apetecible, el cual creía distante, imposible. Recuerdo mi piel estremeciéndose al pensarte, mi manos recorriendo mi pasión, el ultimo aliento.
Sonrío, te observo una vez más. Era real, ese sentimiento que alguna vez sentí tan ajeno no solo lo viví en ese instante, sino ahora, mientras te observo.
Estoy enamorada de ti. Enamorada con locura, con toda mi alma. Y no quiero dejarte, no debo, NO puedo.
Eres parte de mi. Cada fibra de mi ser está conectada con la tuya y no imagino un mundo sin vos.
Quisiera despertarte y abrazarte.
Me conformaré acariciándote con dulzura, bebiendo tu silencio, alimentandome de tu calor. Pero no... ahí estas mi cielo. Abriendo tus ojitos, estirando tus brazos.
Me miras, me acercas, nos besamos.
Gracias por darme esta vida maravillosa, corazón.
Stefi
No hay comentarios:
Publicar un comentario