10.05.2009

Síndrome de Estocolmo.

El síndrome de Estocolmo es una respuesta psicológica en el que la víctima de secuestro, o persona detenida contra su propia voluntad, desarrolla una relación de complicidad con su secuestrador. En ocasiones, la víctima termina enamorandose de su agresor.



El agua se hacía vapor incluso antes de tocar mi piel. Me sentía dolorida por dentro y por fuera. Sentía su dolor también. Aunque esta -increíblemente inexistente- agonía se transformaba en placer. Su mano ensangrentada debería causarme terror, pero, al contrario, me exitaba. Su otra mano que intentaba lastimarme, sólo me producía ganas de quemar lágrimas de vidrio sobre su perverso corazón.
Condenada a una muerte casi segura, pasé al estado eufórico de ser la puta violada. La víctima de la soledad. El objeto sexual de un ser desinteresado.
Éste hombre podría hacerme lo que quisiera, iba a permitírselo todo. Nunca pensé que la forma que tenía de tomar la carne de mi cuerpo con sus transpiradas manos iba a encenderme tanto. A prender esa lucesita que no creía que existía. La morbosidad de este hombre cuando me gritaba con esa voz áspera anulaba todo temor. Su grandeza proyectaba el aislamiento de nuestras almas en mi entre pierna. Y me encantaba.
La vulgaridad se hacía ver y sus intentos de humillación invitaban la necesidad de más. Juego psicológico retorcido en que él, mi señor, mi amo, hacía de las paredes de mis muslos simples cenizas.