8.22.2010

Message in a bottle.

La noche es un lindo momento para reflexionar. En mi Civic plateado, con una mano en el volante. Un cigarro que nunca se acaba, una botella con el fondo cada vez mas lejos. La Luna me mira desde arriba, y no me deja respirar. Asfixiante se torna el humo, cuando se mezcla en mis pensamientos y se revuelve entre los escombros de mis cementerios. Tu voz no vacila al momento de infiltrarse en mi piel y secarme desde adentro.
"Mi dolor no es mudo", me explicó. Y se quedó callada. Y así admira mi silencio.
¿Cuál es el punto de torturarse con un pensamiento? "Es que es así el camino que elegiste tomar", me responde. Me responde con miradas que no se conectan. Disimuladas.
Preguntas bajo las nubes. Besos bajo la lluvia.

¿Vas a guardar mi mensaje en tu botella? ¿Vas a guardar mi mensaje sobre su cama?

Todo se reduce siempre, a lo que queremos comunicar. Con esos ojos, con esa risa, con esa broma, con ese papelito.

Sigo recorriendo las calles de mi Buenos Aires. Al parecer éste cigarro se está por consumir, y no creo que tenga otro. Los acabé cuando nadaba en tus memorias. (Por cierto, para aclararte: Si me encontrás pisando tu sombra, no te quiero lastimar, sólo quiero saber que nunca te perderé de vista).
Fantasmas en mi cabeza se proyectan colgados del cuello con sogas rotas, ¿Hay algo que tenga sentido? Sé que no es el dolor el que provoca los retorcijos en mi estómago, porque éste ya no existe. Ya pasó, por suerte, ya pasó. Es, quizás, la angustia de no poder abrazarte y decirte... que todo pasó. Que ya estamos bien. Que puedo tocarte sin desmayarme luego. O eso creo.

Ahí va de vuelta, por sobre mi hombro, esa briza de ternura que provoca tu respirar. Bajo ese maquillaje está la naturaleza de tu belleza. El titanio no puede disimular la infancia en tu interior.
Y sos para él, lo que una vez fuiste para mi.

Ángel sin piedad, que en tus alas has refugiado una parte de mí, -pues miedo siempre tuviste a cobijar mi alma impura en su totalidad- agradezco ahora tu paciencia y dedicación.

Este no es el final, y nunca hubo uno. Sólo enlaces y desenlaces de pequeños momentos que se van uniendo para finalmente, concretar los sueños de cada uno.


La ceniza en mi pantalón quiere arder, como así mis ojos irritados por el humo. Es tiempo de cerrar la ventana y dejar a mi cabello alocado descansar. Mi pullover violeta podría arruinarse. Pero ese no es el caso de mi corazón; Ni el de mi pantalón, ni el de mi abrigo. Será él, mi fiel y frágil corazón, el que me mantenga firme. No voy a cerrar los ojos ésta vez, hoy no me voy a estrellar.

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