Cuando me ves observarte y crees que no me doy cuenta. Y te pones nerviosa aunque te gusta saber que estoy pensando en tu cuerpo.
Cuando nace en mi un espíritu de dolor que ansía quemarte desde adentro, para que nuestra carne se una.
Cuando la violencia contra el auto-proclamado Mesías, se convierte en un caramelo tibio y derretido que se arrastra desesperado por tu abdomen, hacia tu tierno vientre.
Cuando la dulzura de mi lengua alcanza la tuya.
Cuando cojemos sin pensarlo.
Cuando la música que hacía cantar ángeles, resuelve en tónicas inexistentes por el simple planteo de una ruptura.
Cuando cuentan más las penas que las necias alegrías.
Cuando ya no puedo creer en nada.
Cuando me doy cuenta que no puedo detener el tiempo.
Y que el Destino no existe.
Ya sin fe, desaparezco.
No hay comentarios:
Publicar un comentario